Expectativas y éxito terapéutico

Después de un merecido descanso veraniego retomo la actividad en el blog con una reflexión que me pareció interesante compartir. Por destinos de la vida y como cualquier osteópata que se precie, un alto porcentaje de los pacientes que acuden a mi consulta, lo hacen por problemas discales (o llevando consigo problemas discales, que no es lo mismo). En mi día a día en consulta, constato que el perfil de pacientes que más veo son aquellos o muy agudos o los muy crónicos lo cuál supone un enfoque muy distinto en función de cada caso, pero difícil en cualquiera de ellos. Lo cierto es que en muchas ocasiones me planteo si es la vía conservadora la más adecuada para ese paciente o sí por lo contrario es mas razonable aconsejar la valoración quirúrgica. Por un lado, se conoce bien la poca concordancia existente en muchos casos entre la clínica del paciente y su problema discal. Pero en otros, claramente es la causa. A no ser que el caso “clame al cielo” o tenga meridianamente claro que no puedo ayudar a esa persona, suelo optar por darle una oportunidad a la vía conservadora dándome más o menos margen para volver a revaluar el paciente y su evolución. Hasta aquí, creo que este debe ser el proceder de la mayoría, pero suele añadirse un factor determinante sobre el que quiero pararme un rato.

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